Ramón Roal

Un muro para mí, la frontera abierta para ti: el fariseísmo de León XIV en España

León XIV ha llegado a España a predicar la acogida sin límites ante el mismísimo Congreso de los Diputados. El problema es el que queda fuera del plano: el Estado de la Ciudad del Vaticano, desde el que se nos imparte la lección, castiga con uno a cuatro años de prisión y multas de hasta 25.000 euros a quien cruce su frontera eludiendo los controles. No es una acusación periodística: está recogido en el Decreto N. DCCX, firmado en diciembre de 2024 por el cardenal Fernando Vérgez Alzaga, y es derecho positivo vigente. El Vaticano tiene, además, una de las legislaciones de ciudadanía y residencia más estrictas de Europa.

La doctrina perenne —Santo Tomás en la Suma Teológica, Pío XII en Exsul Familia— siempre reconoció el derecho y el deber del Estado de ordenar sus fronteras conforme al bien común. Eso es exactamente lo que el Vaticano hace para sí mismo. El escándalo no es la prudencia del microestado: es el sermón que la desmiente, la conversión de la acogida en dogma sentimental al servicio de una fraternidad universal sin Cristo, donde la nación cristiana, la patria y el Reinado social de Nuestro Señor estorban y sobran.

Nuestro Señor lo llamó por su nombre hace dos mil años: "Atan cargas pesadas y las echan sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con un dedo quieren moverlas" (Mt 23, 4). El orden de la caridad empieza por los más próximos, y la patria es un bien que el cuarto mandamiento manda honrar. Que la Virgen del Pilar guarde a España de confundir la caridad verdadera con su falsificación conciliar.

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